Copenhague es principalmente una ciudad de bajos edificios dispuestos en una armonía ejemplar. Los campanarios de las iglesias añaden su particular pincelada y sólo unos pocos hoteles de moderna construcción rompen la línea del cielo. Es una ciudad bien organizada y hecha a medida de sus habitantes. El frío del clima se atenúa con la atmósfera apacible y acogedora que a veces incluso tiene un toque de lo provinciano. Los automóviles han cedido bastante el espacio a las bicicletas y en las calles peatonales del centro, por la mañana se siente el olor al pan recién hecho.
Sin embargo, lo bueno de Copenhague es que no deja de ser una metrópoli. En la ciudad vive un millón y medio de personas, la quinta parte de la población de Dinamarca. Copenhague es el centro de la vida política y cultural. La oferta cultural es muy amplia, hay museos para todos los gustos y edades; la escena musical ofrece desde el mejor ballet hasta los mejores conciertos de rock y jazz.
Esta inigualable atmósfera, se debe a los habitantes de Copenhague que son gente poco convencional a la vez que muy respetuosos con cualquier forma de cultura o conocimiento.