Lisboa es una de las ciudades más románticas de Europa. Surcada por el Tajo y edificada sobre siete colinas, es una ciudad acogedora y vital. Su asombrosa red de tranvías, funiculares y ascensores le confiere un encanto especial. El río Tajo, al igual que el Atlántico, ha forjado la historia de la ciudad. En la actualidad configura uno de los paisajes más representativos de la ciudad, presidido por la colosal estatua de Cristo con los Brazos Abiertos y por el Puente 25 de Abril, uno de los mayores puentes colgantes del mundo.
El recorrido a pie de la ciudad permite descubrir los rincones más emblemáticos y hermosos de la capital portuguesa como el barrio literario de Chiado, plagado de míticos cafés, bares de fado y librerías especializadas o los barrios medievales de Alfama y Castelo. Las callejuelas estrechas de estos antiguos barrios, salpicadas de escalinatas empinadas llevan a lo alto del castillo de Lisboa desde donde se disfruta de una magnífica panorámica de la ciudad. Desde el Castillo de San Jorge se divisan las fachadas de edificios tan simbólicos como la Igreja de Santo Antonio de Sé o la Igreja de Madalena. La mirada también se posa inevitablemente en los edificios art noveau, estilo de principios del XX.
Lisboa despierta en el visitante la añoranza de un pasado esplendoroso con las salas del Monasterio de Mafra, el palacio rococó de Queluz o incluso las hermosas playas de la ciudad. La gloriosa urbe multiétnica de antaño continúa siendo una ciudad cosmopolita, una localidad mítica fruto de la mezcla de culturas y de la búsqueda de sueños.